martes, 18 de marzo de 2014

Más cerca del cielo




                                      

Se había levantado temprano para llegar antes de que llegasen los de la agencia. Aún le quedaba por recoger algunos objetos de su abuela.
Mientras esperaba sentado en el banco bajo el roble, aquel corpulento árbol que daba sombra y frescura al lugar, veía pasar la tristeza y la alegría alborotada de su abuela. Sumergido en aromas se entregaba a un viaje de recuerdos que seguro guardaría toda su vida.
Se alegraba de haber venido, el aire allí era puro, agradable y el silencio hoy era profundo.
Su madre le había contado que ese roble y el banco donde se encontraba sentado formaban parte de la bella historia de amor de su abuela, en realidad, todo lo que alcanzaba  a ver a su alrededor, hablaba de su abuela.




Ella se había establecido allí al morir la mitad de su corazón; eso decía  siempre cuando le preguntaban por qué vivía tan lejos de la ciudad y de su familia.
Sonreía y repetía: - ahora vivo más cerca del cielo. Ese era el nombre de aquella villa “Más cerca del cielo”.
Justo enfrente estaba el cementerio donde estaba él, y donde hacía apenas una semana a ella le habían dado sepultura. Él no había conocido a su abuelo, cuando nació ya había fallecido, pero tal como se le iluminaba la cara a su abuela cuando hablaba de él, le bastaba para quererlo.
Mientras ojeaba las fotografías gastadas por el paso del tiempo sentía la caricia del aire, las ramas del árbol, su baile, todo estaba invadido por la paz de aquel lugar.
Sería verdad, o eran sueños de su abuela… sueños para mantenerse viva hasta que él viniese a por ella. Ahora se preguntaba si realmente estuvo todo ese tiempo esperando a la muerte con impaciencia.
Recordaba que en la ventana de la habitación había una lámpara que cada noche  encendía al oscurecer; decía que era el faro que alumbraba el camino… ¿Qué camino?




Seguía allí sentado atrapado en los pensamientos.
Era extraño no oír a los pájaros  en la ventana de la cocina. Él recordaba aquel lugar siempre impregnado por sus trinos. Quizás se fueron igual que se fue ella.
Ahora la recordaba, pensativa con su sonrisa en la boca, la mirada ida en el paisaje como si allí estuviera su meta.
Siempre había dicho que la vida era un sueño y ella nunca desechó esa idea, quizás esa era la puerta de salida  de la prisión de esta esfera limitada que es la vida.
Ahora, allí sentado, veía renacer el pasado ante sus ojos… ella ya no estaba, ni los  trinos de aquellos pájaros que cortejaban sus horas.
El ruido de la verja lo sacó del pensamiento, se acercaban unos pasos…
Ya estaban aquí los de la agencia.




M M 

Reservado todos los derechos de autor ©



Código: 1403180382079
Fecha 18-mar-2014 22:17 UTC
Licencia: Todos los derechos reservados