sábado, 21 de febrero de 2015

Décimas "el grillo"

  Estoy perdiendo el sentido,
no soporto el estribillo,
de ese malicioso grillo
el cri crí tan presumido
de este bicho consentido
ya me tiene enajenado,
me estremece todo el techo
y aunque lo tengo cercado
me lo pone complicado.
¡Tengo el oído deshecho!

Él anda fiero  a mi acecho,
en cuanto me oye trinar
mi voz quiere fulminar
haciendo cri crí en mi pecho.
Así me consta, es un  hecho,
mas esto me da que pensar.
¿Cómo este ruido cesar?
Yo soy un poco suicida
y aunque  parezca quebrada
tan confusa y mareada,
no me daré por vencida.

Y mi sorpresa no es esa,
no sólo tengo este bicho
que anda con tanto redicho
moliéndome la cabeza.
Voy de sorpresa en sorpresa.
No salgo del sobresalto
a mi voz le dan asalto,
un zoquete lazarillo,
un maestro con librillo
dándole al bicho resalto.


M M

Reservado todos los derechos de autor ©
Comparto de nuevo con ustedes añadiendo a la entrada el Contrapunto que Ovido Moré hizo a las Décimas “El Grillo”.
Y como soy atrevida después de pedir su permiso añado un nuevo contrapunto como respuesta al suyo.


  Ese grillo majadero
que la cabeza te agrede
tal vez no lo haga adrede,
sólo sea un mensajero.
Algo así como el cartero
que con su alegre silbato
te avisa del arrebato
de una epístola amorosa.
O quizás sea otra cosa:
“Musa” y Grillo literato.

  Tal vez igual que Pepito
sólo sea tu conciencia
o el nivel de tu sapiencia
alcanzando lo erudito.
No sé si será delito
que ese grillo te moleste
pero cosa tan agreste
pone los pelos de punta.
Es absurda mi pregunta
¿El Grillo tenia peste?

Ovidio Moré
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   En el juego del cantor
huyo de la calma chicha
poniendo en juego mi ficha
gastando broma al oidor
causándole algún picor.
La  técnica da licencia
con humor y con sapiencia
donde jocosa mi lengua,
va practicando esta ciencia
porque ingeniosa no mengua.

   Pretendo poner  el punto
sacando gracia a la vida,
dándole lo que me pida.
De amor y humor la unto
al versar un contrapunto
echándole  mi osadía
al mostrar tal rebeldía
a quien no me tiene estima
porque el alma me lastima
al tenerme tan “ceñía”.
  
  A mí me inquieta ese grillo,
no sé si algún mal le aqueja,
ni por qué siempre se queja
si intento echarle pestillo
porque el canto no le pillo.
Además, me vuelve loca,
y  no sé callar la boca
cuando grilla sin razón
y un runrún en mi  provoca
su lesivo corazón.

  Yo no soy una letrada.
En su cri no siento amor,
tan  sólo siento al censor
dándome en esa silbada
su quejosa voz porfiada.
No sé si eso es un antojo,
o sólo me guiña un ojo
tratándome de novata
poniéndome así abrojo
en su carta sin posdata.

María del Mar M M
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