domingo, 14 de diciembre de 2014

Sátira al cazador (Décima)


Aunque te hagas el estrecho
y dardos quieras tirar,
para hacerme suspirar
no tires a dar al pecho,
tampoco andes a mi acecho
aullando la sin razón
 loco tierno fanfarrón.
Lobo eres, sabes aullar
y pretendes magullar
con tu aullido socarrón.

No voy a salir al trapo,
no me vas a embobecer
y tampoco enmudecer
aunque tú me des guarapo
para ver si yo me empapo
mareándome el asunto.
Yo, tomo nota y apunto
más no quiero chuchería
ni versar con bobería
con las letras que rejunto.

Y mira que tú me gustas
así mostrándome el diente
y aunque no eres mi pariente
me relamo y me regustas,
además, no me disgusta
que levantes tanto ruido
con tu boca y tu ladrido
para sentirte más vivo
mostrándote muy altivo.
¡Ah! perro astuto engreído,

no me lo tengas en cuenta,
que no te cause recelo
por pensar que tengo celo.
Que yo no soy tu parienta
la que tu cama calienta,
que no me pongas señuelo
pensando que soy polluelo
haciéndote el trovador
no me causarás candor
ni serás mi desconsuelo.

M M
Reservado todos los derechos de autor ©



Al cazador has cazado
querida Mar, y en la trampa
como una diosa del hampa
tu dardo bien le has clavado.
Ahora estará escorado
ladrando triste a la luna,
en medio de la laguna
de las desdichas eternas,
con el rabo entre las piernas
gimiendo por su fortuna.

De cazador a faldero
habrá pasado, supongo;
aquí lo digo y lo pongo
como ejemplo verdadero.
Quizás fuera un poco fiero
y por eso amordazado
con un bozal le has dejado
sin agua, a la resolana,
porque quiso ir a por lana
 y allí salió  trasquilado.

Hay mucho perro engreído,
Mar, tú lo has dicho muy bien,
piensan que de la sartén
el mango tienen cogido.
Por eso su merecido
hay que darles y que aprendan,
porque tal vez así entiendan
que toda dama es astuta.
Ellas llevan la batuta
igual que llevan la rienda.

Deja ahora que te cuente
de otro perrito la historia,
que he guardado en mi memoria
y que tengo muy reciente.
Pasó allá, por occidente,
en un pueblo muy perruno.
El perro se llama Nuno
y a la iglesia que se fue...
Espera,  mejor es que
lo cuente el propio infortuno:
 
Padre, verdad, lo confieso,
he celado a una mujer
que ayer me dio su querer
y hoy me la dio con queso.
Ahora como un sabueso,
tras  su rastro y tras su culo,
pulgoso voy. Ya no emulo
a ese tal Don Juan Tenorio.
Padre, acepto el responsorio,
celoso soy como un  mulo.

Se fue con el alemán
que tenía pedigrí
y  me dejó solo aquí
lamiéndome el cordobán.
Rabioso cual Leviatán
hasta le mordí la mano
al tiparraco cubano
que me daba de comer.
Y, padre, qué voy a hacer
si perro soy y no humano.

O. Moré-