El día comenzaba como todos los
días, transcurría en su rutina acostumbrada y hoy no era diferente.
Las horas habían pasado sin darle
un respiro cuando se encontró conduciendo de regreso a casa después de un día
agotador.
La música de la radio iba tomando
conciencia dentro de su cabeza y poco a poco el trabajo quedaba fuera de lugar.
Al llegar fue derecha a la
habitación, dejó el bolso sobre la silla, se descalzó y comenzó a quitarse la
ropa mientras iba camino del baño. Ese también era uno de los momentos más
placentero. El agua, borraba los restos de la tensión acumulada durante el día.
Después de tomar la ducha y algo
de cena salió como de costumbre a la terraza.
Le gustaba aquella terraza y el olor de la noche donde desaparece todo
rastro de las prisas
Mientras miraba el horizonte
buscando alguna estrella se sintió observada. Al bajar la mirada y girarse vio
que en la terraza contigua a la suya había alguien, un hombre. Ese piso estaba
cerrado hacía años. “Seguramente lo han alquilado pensó”.
Dio las buenas noches y entró. Mientras
desaparecía oyó que le devolvían el saludo.
A la mañana siguiente todo fue rutinariamente
igual. De regreso a casa paró en la tienda para comprar y volvió a repetir los
mismos pasos que cada día, nada cambiaba su rutina o por lo menos no eran grandes
cambios.
Esa noche al salir a la terraza
fue ella la que observó desde el ángulo donde se encontraba detenidamente al
hombre. Él no la podía ver, estaba entretenido arreglando sus flores y hablaba o cantaba en voz baja, no podría asegurarlo.
Se irguió, paso sus manos sobre el
vestido para colocárselo y avanzó decidida mientras entonaba un buenas noches.
Él dio un respingo y los dos comenzaron a reír.
Ese fue el inicio de una
conversación. Al despedirse le pareció que aquello apenas había durado unos
minutos pero cuando miró su reloj había pasado media hora.
Esa noche al irse a la cama pensó que era agradable tener a alguien con
quien
conversar.
Pasaban los días y se sentía
bien, pero este “bien” era diferente y no sabía explicarlo, sólo lo sentía.Cada noche volvía a salir a la
terraza y allí estaba, como si para él también fuera natural aquel momento y
aquellas horas que compartían.
Ella durante el día pensaba en
ese momento donde se encontraría con él separados por el ancho muro de la terraza, pero sin embargo
tan cerca.
Hablaban de las cosas que hacían,
lo que habían comido, que les había sucedido, con quién se habían encontrado… y
poco a poco pasaban los meses y las conversaciones iban profundizando en sus
vidas.
Cada vez hablaban más de sus
sentimientos, de las incertidumbres, de los cambios… Parecía que los dos habían
tomado conciencia al mismo tiempo; la vorágine del tiempo los había arrastrado
como al resto de la sociedad en la que vivían. Siempre preocupados haciéndole la vida fácil a los demás
olvidándose de ellos. Poco quedaba que no supieran el uno del otro.
Poder hablar así con alguien que
no cuestionara lo que sentía, porque él sentía lo mismo, le aportaba paz, la hacía feliz.
Hoy regresaba antes a casa, mientras
conducía iba pensando que estaría bien quedar,
la terraza no estaba mal, pero estaba el muro que los separaba. Pensó en un
encuentro mas cercano, un paseo y tomar algo juntos. Estaba emocionada, le iba
a dar una sorpresa.
Cuando salió a la terraza no había nadie, bueno es normal, pensó, había
llegado antes. Mientras se acercaba al muro vio sobre la silla de la terraza
una piel. ¡Una piel humana! Un vestido de piel humana para ser exacto. Justo en
ese momento cuando su cabeza daba vueltas buscando una explicación, vio una
especie de mano con forma de ala tirar de la piel. Retrocedió unos pasos y
atónita vio a un cuervo vistiéndose la piel e inmediatamente él cobro vida.
Él, retumbo en su cabeza.
Como pudo, casi en un ahogo entro
en casa y sólo acertó a sentarse en el piso.
Todo iba muy deprisa dentro de su
cabeza, no podía contener la angustia dentro de ella que explotó en un llanto
desconsolado. ¿Qué pasaba? ¿Qué era aquello que estaba sucediendo? ¿Quién era esa
persona que le acababa de romper el corazón?
Lloró, lloró hasta quedarse
dormida pensando que quizás mañana tendría una explicación.
Pero la explicación no llegó, no
había explicación.
Esa noche salió a la terraza y
dejó encima del muro una caja con un sobre que llevaba una nota en su interior;
“Te dejo mi corazón y mis ojos,
los necesitas más que yo”
M
M (12-9-2012)
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